La peligrosa normalidad del odio

Hace más de un año denunciamos la aparición de simbología nazi y mensajes xenófobos en las calles de San Sebastián de los Reyes. Desde entonces hemos conocido nuevos episodios: familias que denuncian ataques a sus vehículos y pegatinas racistas, y una agresión a una familia de nuestra ciudad que llegó a ser investigada por la Fiscalía por una posible motivación racial y religiosa.
Ante estos hechos, desde Más Madrid Sanse hemos solicitado información oficial, medidas de prevención y mecanismos de protección para las víctimas. La respuesta del Gobierno municipal ha sido asegurar que en Sanse no se ha cometido "ni un solo delito de odio" desde 2023 y acusarnos de faltar a la realidad.
Pero hay algo que el Partido Popular parece no querer entender: que un comportamiento racista no termine siendo calificado penalmente como delito de odio no significa que el racismo no exista. Y las instituciones no deberían esperar a que haya una sentencia para preocuparse por lo que sucede en sus calles.
Hay otra cuestión todavía más grave: la responsabilidad de quienes utilizan las instituciones para alimentar prejuicios.
Hace apenas unas semanas, Vox presentó en nuestro Pleno una moción que hablaba de "invasión" y vinculaba inmigración con saqueos, agresiones sexuales, miedo e inseguridad. El Partido Popular la apoyó.
No se puede contribuir a presentar a nuestros vecinos migrantes como una amenaza y después escandalizarse cuando alguien advierte de la existencia de racismo. Las palabras importan. Y mucho más cuando se pronuncian desde una institución pública.
El odio no aparece de la nada. Antes alguien ha sembrado sospechas, ha alimentado prejuicios y ha convertido al diferente en culpable de problemas que nada tienen que ver con su origen.
Lo verdaderamente preocupante es que, ante vecinos que denuncian estar siendo señalados, el Gobierno municipal parezca más interesado en defender la reputación de Sanse que en escuchar lo que esas personas están viviendo.
San Sebastián de los Reyes también es la gente que llegó de otros lugares para construir aquí su vida. Son nuestros compañeros de trabajo, las familias de nuestros colegios, quienes levantan sus persianas cada mañana y comparten nuestros barrios.
El racismo no desaparece por negar su existencia. Y la convivencia no se protege escondiendo los problemas, sino afrontándolos. Lo verdaderamente peligroso no es reconocer que el odio existe. Es acostumbrarnos a convivir con él.
Más Madrid San Sebastian de los Re
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