top of page

Koldo Larrañaga: el asesino amable de Vitoria

-- PÍLDORAS CRIMINALES --



Hay asesinos que intimidan por su aspecto. Otros por su historial violento. Y después están

aquellos que parecen completamente normales.


Koldo Larrañaga pertenecía a esta última categoría.


Educado, amable, sociable y aparentemente inofensivo. Quienes le conocían lo describían

como una persona cercana, capaz de ganarse la confianza de cualquiera en pocos minutos.


Nadie imaginaba que detrás de aquella sonrisa se escondía uno de los criminales más

inquietantes de la crónica negra española.


EL HOMBRE DETRÁS DEL CRIMEN:


Juan Luis Larrañaga —conocido como Koldo— nació en 1961 en Azkoitia, Guipúzcoa. Llegó

a Vitoria con 17 años con el sueño de ser profesor. Estudió Magisterio sin llegar a

licenciarse y durante un tiempo impartió clases de euskera en una academia. Fue el

primero de muchos empleos, ninguno permanente.


Con el tiempo se involucró en distintos negocios, algunos de hostelería, con socios de

dudosa reputación. Deudas, estafas y fracasos empresariales fueron acumulándose a lo

largo de los años. Casado y con un hijo, a finales de los 90 se separó de su mujer y se mudó

a Madrid, donde vivía con otra pareja. A Vitoria regresaba puntualmente: para ver a su

hijo, resolver gestiones... y matar.


Lo más perturbador es que conocía a sus víctimas. Había vivido tres años frente al piso de

Esther Areitio. Jugaba al mus regularmente con Acacio Pereira. Tenía negocios con

Agustín Ruiz, a quien le debía dinero. Solo Begoña Rubio era una desconocida hasta el día

en que acudió a su despacho.


LOS CRÍMENES: UNO A UNO:


Entre mayo de 1998 y mayo de 1999, Vitoria registró cuatro asesinatos que la policía tardó

meses en conectar. La ciudad, poco acostumbrada a este tipo de violencia, vivía con miedo.

El ritmo era aproximadamente uno cada pocos meses, y con cada nuevo caso el enfado

ciudadano crecía ante la ausencia de detenciones.


CRONOLOGÍA DE LOS CRÍMENES:




EL ERROR QUE LO DELATÓ:


Durante meses, la policía no encontró un patrón claro ni un sospechoso. No existía

relación aparente entre las víctimas. Los crímenes compartían una violencia extrema y un

móvil económico, pero eso no bastaba para apuntar a nadie.


El 24 de mayo de 1999 cometió su último asesinato. Y su mayor error.


Antes de matar a la abogada Begoña Rubio, Larrañaga había acudido a su despacho en una

visita previa como cliente, dejando constancia de su nombre real en la documentación.


Cuando el padre de Begoña acudió al bufete pasada la medianoche alarmado por su

ausencia, la encontró muerta. Cinco días después, el 29 de mayo, Koldo era detenido en

Madrid. Confesó de inmediato los asesinatos de Ruiz y Rubio, alegando siempre el robo

como único motivo. Negó hasta el final los otros dos crímenes.


La Ertzaintza tenía indicios sólidos de su participación en los cuatro casos, pero sin

confesión ni pruebas irrefutables, no pudo acusarle formalmente. Los casos de Areitio y

Pereira prescribieron en 2018.


EL PERFIL PSICOLÓGICO:


Los psiquiatras que examinaron a Larrañaga elaboraron un retrato clínico inequívoco:

psicópata con rasgos narcisistas, antisociales y agresivo-sádicos. Pero lo que más llamó la

atención de los especialistas fue su coeficiente intelectual: 130 puntos, muy por encima de

la media —situada entre 85 y 110—.


Esa inteligencia superior explicaba en parte su capacidad para moverse sin levantar

sospechas, limpiar escenas del crimen con meticulosidad, mantener una imagen social

amable y planificar los actos con frialdad. El tribunal, sin embargo, no consideró que sus

rasgos de personalidad constituyeran un trastorno mental que atenuara su

responsabilidad. No hubo rebaja de condena por esa vía.


En prisión, en Nanclares de Oca, mostró exactamente el mismo comportamiento que había

desplegado en libertad: impecable. Regentó el economato del centro, dio clases de euskera

a otros reclusos y fue considerado un preso modélico. La máscara nunca se quitó del todo.


CONDENA Y FINAL:


Fue condenado a 20 años por el asesinato de Agustín Ruiz y a 30 años por el de Begoña

Rubio, sumando una pena total de 50 años. Tras 18 años de cumplimiento efectivo, en

2017 fue excarcelado por razones humanitarias a raíz de un grave ataque al corazón.


Regresó a Azkoitia, su pueblo natal, a esperar un trasplante cardíaco que nunca llegó.


Falleció el 27 de enero de 2021 a los 60 años.


Con él murieron también las respuestas a las preguntas que Vitoria lleva más de dos

décadas haciéndose.


Su caso sigue siendo recordado como uno de los episodios más oscuros de la historia


criminal del País Vasco.


Porque a veces el peligro no tiene el rostro que esperamos.


A veces sonríe.


Y precisamente por eso resulta mucho más difícil verlo venir.


Miguel Ángel Arranz Molins
Miguel Ángel Arranz Molins



Comments


Nuestros partners:

elecox__1_-removebg-preview.png
unnamed.gif
  • Facebook
  • Instagram
  • X
  • TikTok
  • Captura de pantalla 2026-01-26 194240

© 2026 Revista Sin Filtros.

bottom of page