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Finlandia, el país donde el silencio también mata

---- PÍLDORAS CRIMINALES ----





Hoy nos vamos hasta Finlandia. Y aquí, desde España, tenemos una imagen muy concreta de este país: bosques infinitos, lagos helados, saunas, un sistema social envidiable y una sensación de seguridad casi absoluta. Finlandia suele aparecer en los rankings como uno de los países más felices y tranquilos del mundo. Un lugar donde, pensamos, nunca pasa nada grave.


Pero esa calma tiene grietas. Y algunas de esas grietas tienen nombre propio.


El coleccionista de dientes: Ismo Junni


El primer caso nos lleva hasta Helsinki, 1980. Ismo Junni es, en apariencia, un hombre corriente del barrio de Kontula: trabajador, vecino discreto, padre de familia. Pero esa fachada esconde algo mucho más oscuro. En agosto de ese año, su esposa Kaija aparece muerta en su propia casa. La policía investiga, pero no hay pruebas suficientes. El caso se archiva como un accidente doméstico.


Nadie sabe todavía que Junni tiene una obsesión macabra: después de matar, arranca los dientes de sus víctimas y se los queda como trofeo. No es un gesto simbólico ni casual. Es un ritual. Guarda las piezas dentales en una pequeña caja que lleva consigo, casi como si necesitara una prueba física de lo que ha hecho, un recuerdo tangible de cada vida que ha arrebatado. En una ocasión llega incluso a robar la prótesis dental de un amigo, simplemente para conservarla.


Durante los siguientes años, Junni repite el patrón: mata y después incendia el lugar del crimen para borrar cualquier rastro. En 1986 asesina a dos compañeros de trabajo en un campamento de verano y prende fuego al recinto. Ese mismo año mata a un amigo en su casa de vacaciones. En 1988, su última víctima confirmada muere quemada viva dentro de su propia residencia. Su fascinación por la muerte es tal que visita la morgue de manera voluntaria, una y otra vez, como si necesitara estar cerca de aquello que él mismo provoca.



Todo permanece oculto hasta 1990, cuando su propio hijo, ya adulto, llama a la policía. No puede seguir viviendo con la sospecha de que su padre mató a su madre diez años atrás. Esa llamada reabre el caso… y destapa una serie de crímenes que nadie había imaginado. Junni es detenido, condenado a cadena perpetua, y se quita la vida en su celda en 1995.


La enfermera que envenenaba a sus pacientes: Aino Nykopp- Koski


Pero Finlandia guarda un segundo caso, igual de inquietante y mucho más reciente. Entre 2004 y 2009, Aino Nykopp-Koski trabaja como enfermera en distintos hospitales, residencias y domicilios particulares de Helsinki. Su trabajo consiste en cuidar a personas mayores, muchas de ellas encamadas y dependientes. Pero Nykopp-Koski empieza a administrar dosis letales de sedantes y opiáceos a sus propios pacientes. Sin motivo aparente. Sin ningún patrón que la policía logre entender al principio.


La investigación se activa en marzo de 2009, después de que una mujer de ochenta años sobreviva por poco a un yogur envenenado. A partir de ahí, los investigadores empiezan a tirar del hilo y descubren una serie de muertes sospechosas repartidas a lo largo de cinco años. En 2010 es condenada por cinco asesinatos, cinco intentos de asesinato y varias agresiones agravadas. Los psiquiatras determinan que padece un trastorno antisocial de la personalidad, pero que es plenamente consciente de sus actos. Es, hasta la fecha, el mayor caso de asesinatos en serie de la historia judicial finlandesa.


El primer asesino en serie de Finlandia: Juhani Aataminpoika


Y si nos vamos más atrás en el tiempo, Finlandia ya tuvo a quien muchos consideran su primer asesino en serie: Juhani Aataminpoika, apodado “Kerpeikkari”. En apenas cinco semanas del otoño de 1849 asesinó a doce personas, entre hombres, mujeres y niños, en el sur del país. Fue condenado a muerte, aunque la pena se conmutó por cadena perpetua.



Tres casos. Tres épocas distintas. Un vecino que arrancaba dientes como trofeos, una enfermera que mataba a quienes debía cuidar, y un asesino del siglo XIX que sembró el terror en cinco semanas.


Porque incluso en el país más tranquilo del mundo, en el que todo parece funcionar y todo parece seguro, el horror encuentra su forma de abrirse paso. A veces vive al lado de casa. A veces cuida de nosotros en un hospital. Y casi siempre, hasta el final, nadie es capaz de verlo venir.


Miguel Ángel Arranz Molins
Miguel Ángel Arranz Molins

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