Yéremi Vargas: unos minutos y 19 años sin respuesta

El niño, de siete años, desapareció el 10 de marzo de 2007 mientras jugaba en un solar junto a su casa, en Gran Canaria. Su cuerpo nunca ha aparecido, el principal sospechoso quedó fuera de la causa por falta de pruebas y nadie ha sido condenado. La investigación, reabierta en 2021, sigue en marcha.
En la mayoría de las desapariciones queda algo de lo que tirar: una llamada, una huella, un objeto, un testigo que advirtió demasiado tarde que había visto algo extraño. En el caso de Yéremi Vargas no quedó prácticamente nada. Solo un niño de siete años que jugaba cerca de su casa y unos pocos minutos, los suficientes para que nadie volviera a verlo. Diecinueve años después, esa ausencia de rastro sigue siendo el rasgo que define el caso y la principal dificultad de quienes lo investigan.
Las 13:30 en Los Llanos de Vecindario
Era el 10 de marzo de 2007. Yéremi jugaba con otros niños en un solar próximo a la vivienda de su familia, en el barrio de Los Llanos de Vecindario, en Gran Canaria. Era un lugar conocido, a la vista de la casa y frecuentado por los pequeños de la zona. Alrededor de las 13:30, su abuela los llamó para comer. Los demás regresaron. Yéremi no.

La escena carecía de cualquier elemento que hiciera presagiar lo ocurrido. No hubo gritos ni se describió un forcejeo, y tampoco se halló después una prenda o un juguete abandonado. Entre el momento en que el niño estaba jugando y el momento en que se le echó en falta transcurrió un intervalo muy breve, y en él se concentra todavía todo lo que se ignora.
Una búsqueda sin resultado
La familia empezó a buscarlo de inmediato. A ella se sumaron enseguida la Guardia Civil, Protección Civil, policías, militares, perros especializados, helicópteros, submarinistas y cientos de voluntarios. Se rastrearon barrancos, pozos, cuevas, viviendas abandonadas y kilómetros de terreno. El despliegue no arrojó ningún resultado: Yéremi parecía haberse evaporado.

Con el paso de los días, la posibilidad de un accidente fue perdiendo fuerza. Un niño que se extravía o sufre una caída suele aparecer en un radio relativamente cercano, y aquel radio había sido revisado una y otra vez. La investigación comenzó entonces a trabajar con una hipótesis mucho más inquietante: que alguien se lo hubiera llevado.
Decenas de investigados y un coche blanco
Durante años se investigó a decenas de personas. Se revisó a los delincuentes sexuales residentes en Canarias, se siguieron pistas en el extranjero y se analizaron los vehículos que habían sido vistos en los alrededores. Uno de ellos adquirió una importancia especial: un coche blanco que varios testimonios situaban cerca del lugar de la desaparición.
De esa línea surgió un nombre: Antonio Ojeda, conocido como «El Rubio». Ojeda había residido en la zona y fue investigado después de ser detenido por una agresión sexual contra otro menor. Había sido, además, propietario de un vehículo que los investigadores relacionaron con una de las líneas abiertas en el caso.

Indicios que no bastaron
En 2016, la Guardia Civil llegó a considerar que existían indicios importantes contra él. Pero una sospecha policial no es una condena, y las pruebas no resultaron suficientes. En 2017, el juez archivó provisionalmente la causa respecto a Ojeda al entender que no había indicios bastantes para atribuirle la desaparición. Un año después, la Audiencia Provincial confirmó que no existían pruebas para sostener que hubiera sido él quien se llevó a Yéremi.
El caso quedaba así en un nuevo callejón sin salida: con un sospechoso señalado por los investigadores, pero sin cuerpo, sin escenario y sin una prueba que permitiera llevar a nadie a juicio.
La reapertura y el testimonio de prisión
La causa volvió a abrirse en 2021, y entre las nuevas líneas apareció un detalle perturbador. Personas que habían coincidido con Ojeda en prisión aseguraron que este había hecho comentarios relacionados con Yéremi. Uno de esos testimonios le atribuye una descripción según la cual el pequeño se habría puesto «azul».
La familia sostiene que ese detalle podría ser relevante, porque Yéremi sufría episodios de cianosis, una circunstancia médica que en determinadas situaciones puede provocar una coloración azulada de la piel. Por ese motivo, la Justicia ha solicitado documentación médica con la que comprobar ese extremo.
Conviene, no obstante, delimitar su alcance. Se trata de manifestaciones de terceros sobre lo que el sospechoso habría dicho, y de un indicio que se está investigando; no de una prueba de culpabilidad. Ojeda no ha sido condenado por estos hechos y la causa contra él fue archivada en su día por falta de indicios.

Diecinueve años después
En marzo de 2026 se cumplieron 19 años de la desaparición. Yéremi tendría hoy 27 años. Su cuerpo nunca ha aparecido, no existe una sentencia que explique qué ocurrió y nadie ha sido condenado. La investigación judicial continúa y la familia sigue reclamando que se practiquen nuevas diligencias.
Quizá por eso el caso sigue resultando tan inquietante. Aquel día no desapareció solamente un niño: desapareció también la respuesta a una pregunta que persigue a una familia desde hace casi dos décadas. Qué ocurrió durante aquellos pocos minutos en los que nadie estaba mirando.



.png)









Comments